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8 claves para entender mejor a Perú y los peruanos

La gastronomía, el racismo, el llamado “milagro económico” peruano, ayudan a entender al país andino

Dic 09, 2016 | 12:51 pm

Perú, Notihoy, (Actualidad) – En el marco de la celebración del Hay Festival en Arequipa la BBC Mundo habló con cuatro de los mejores escritores peruanos contemporáneos: Renato Cisneros, Jeremías Gamboa, Claudia Salazar y Jaime Bedoya para que esbozar una serie de aspectos que ayuden a entender mejor a Perú y su gente.

1. Perú es un país de contrastes

“Quien vaya al Perú tiene que saber algo que parece una verdad muy manida y un lugar común, pero quizá por eso mismo hay que tener en cuenta: el Perú es un país muy contrastado”, empieza Renato Cisneros.

“No lo digo únicamente por los contrastes geográficos, sino sobre todo por los culturales y los sociales. En ambos es clave el tema geográfico: como si en cada región del Perú, el clima definiera el ánimo y el carácter de las personas”, explica.

Machu Picchu

Así, para Cisneros, si un extranjero va a la sierra peruana se encontrará con una geografía magnífica, intrincada, y podrá advertir en las personas con las que se encuentre que tienen algo de geografía.

“Hay algo en su mutismo, en su silencio, que está muy asociado a la cordillera de los Andes, a la manera en que el tiempo se manifiesta allí”, le dice a BBC Mundo el autor de “La distancia que nos separa”.

Y, para el escritor, la selva “es otro país”, pues el trópico, la vegetación frondosa, la diversidad de fauna, flora y comida operan en su gente de una manera tal que son “totalmente ajenos a los problemas que, desde la capital, uno siente que son los grandes problemas del Perú”.

“La gente en la selva peruana parece no tener esos problemas, o tiene otros, pero los supera con alegría, con ánimo; hacen de la precariedad una oportunidad antes que una queja, y eso es muy notable”, destaca Cisneros.

“En la costa, en cambio, estamos entre el desierto y el mar, pero cubiertos casi siempre -sobre todo Lima- de un cielo gris, triste. Yo siento que los limeñossomos así”, continúa, utilizando lo grisáceo como una metáfora de ambigüedad e indefinición, de ese muy limeño estar “siempre entre un punto de vista y otro”.

2. El espacio y el tiempo peruanos no son de este mundo

“El peruano tiene una concepción disfuncional del tiempo y del espacio. Para dejarlo en claro, ‘mañana’ puede significar ‘nunca’ sin ninguna contradicción semántica, y viceversa”, advierte Jaime Bedoya.

“Según esta misma anomalía diez minutos pueden convertirse en una semana o en lo inverso; o en cualquier posibilidad intermedia. Da igual”, continúa.

Calendarios de la campaña presidencial peruana 2011

Para Bedoya, contabilizar el tiempo “es una abstracción relativa, subjetiva y susceptible de una interpretación nacional individual”. “Es Einstein al cubo. Es La Hora Peruana”, explica.

“Y esto se aplica de igual manera a medidas espaciales”, agrega.

Según Bedoya -quien acaba de recopilar sus mejores crónicas periodísticas en el libro “En aparente estado de ebriedad”- una referencia de “aquí nomás” puede ser utilizada “para connotar centenares o miles de kilómetros”.

“Incongruencia reforzada en el uso del diminutivo aquisito nomás. Indicación que sin ningún problema puede designar una ubicación a años luz de donde se mencione”, agrega.

“Esta es una teoría improbable pero tentadora: la natural y cósmicamente amigable relación andina con los tiempos de la pachamama -la Madre Tierra-, quedó dañada ante la brutal conquista del imperio incaico realizada por el Reino de España”, aventura Bedoya.

Nuevas prioridades temporales y espaciales se impusieron en suelo inca, y estas fueron las del otro lado del mundo. Si bien hubo preceptos del mundo andino que se preservaron mediante el camuflaje cultural del sincretismo, todo referente a la medición de tiempo y espacio quedo dañado sin remedio. El tiempo originario fue extirpado de raíz”, escribe en un texto para BBC Mundo.

Carretera en la sierra peruana

“Esta cosmovisión extravagante se extiende a lo existencial en un acertijo que ni Greenwich ni Hawkings resolverían: cuando se le pregunta a un peruano por cómo se encuentra, este es dado a responder con un ambiguo ‘ahí’ que no remite a ningún lugar y a todo sitio al mismo tiempo”, advierte también Bedoya

“Si bien para el extranjero la referencia queda en la incógnita, el compatriota entiende perfectamente a qué se refiere: no hay peruano que no haya estado ahí”, concluye.

3. Todos los peruanos sospechan de ellos mismos

“Cuando los españoles llegaron a Perú instalaron un sistema de dos repúblicas: una de blancos y una de indios, con sistemas tributarios diferentes, regímenes legales diferentes, derechos diferentes”, explica Jeremías Gamboa.

“Y desde entonces hemos vivido obsesionados por saber en qué lado de la república vivimos“, le dice a BBC Mundo.

Según Gamboa, eso ha hecho que un pueblo fundamentalmente mestizo haya heredado “de generación en generación una enfermedad, la del racismo, que existe en todo el mundo, pero que en Perú tiene un acento diferente”.

“El acento de la sospecha de uno mismo”, afirma.

El muro de la vergüenza en Lima.

“Es una cosa, creo yo, que mantenemos de la colonia, donde se imponía la necesidad de ser lo menos indio posible para pertenecer a la república que te daba mayores beneficios: la de los blancos”.

Aunque el autor de “Contarlo todo” -que él mismo describe como una novela sobre un chico “que asume sin temores, al final de su recorrido vital, ser mestizo, y que está bien ser mestizo”- cree que las cosas están cambiando.

Hay hechos que han enorgullecido a un sector muy grande de mestizos. Primero, al menos al ser elegidos, líderes políticos mestizos: Toledo, Humala…”, explica.

“Y por otro lado, un enorme grupo de migrantes que llegaron a la ciudad y que se han hecho líderes comerciales, que han mandado a sus hijos a la universidad y que está reformando -al principio, creo yo, sin querer, sin tener demasiado discurso- ese panorama cultural”, destaca.

Mercado campesino en Lima

“Tampoco le quitaría importancia al discurso de Gastón Acurio y de la cocina, que ha llevado a muchos peruanos a sentirse orgullosos de algo que hacen todos, que es cocinar, y que es mestizo en esencia: la cocina peruana es intrínsecamente mestiza. Y por eso es buena”.

4. La cortesía peruana no necesariamente es lo que parece

“A los peruanos nos llama mucho la atención que cuando un extranjero pasa por nuestro país siempre se va con una impresión extraordinaria de la simpatía de los peruanos, de la gentileza de los peruanos”, confiesa Renato Cisneros.

“Pero lo que se nota -y lo he notado más en este año y medio que llevo viviendo en España- es que a veces en la actitud de los peruanos hay un servilismo que no es tan digno de ser destacado“, dice.

Para Cisneros eso es algo asociado a cierta necesidad de paternalismo, necesidad de encumbrar a un caudillo o de glorificar a personajes mesiánicos, “es algo que se aprecia más en cada coyuntura de elecciones presidenciales”.

Una turista es transportada en Cuzco.

“El peruano en general es caudillista, cree mucho en la figura paternal”, afirma el escritor, quien cuenta que para escribir “La distancia que nos separa” investigó a fondo el tema del padre en Perú y América Latina.

“Hay en el peruano, sí, una gentileza que les es innata y que les es consustancial”, admite.

“Pero a veces esa gentileza está más asociada a su necesidad de reclamar paternidad, reconocimiento, antes que a una empatía genética”, le dice a BBC Mundo.

5. Perú es un país unido por la cocina

“Lo que actualmente define la ciudadanía peruana y el sentido de pertenencia no es ni el bienestar social ni la generación del empleo”, dice Jaime Bedoya.

Extranjeros en una clase sobre ceviches

“Tampoco los logros deportivos o científicos, ni una historia lo suficientemente gloriosa en común”, admite.

“Los que nos une y hermana actualmente como miembros de una causa común es la cocina”, afirma en otro texto escrito para BBC Mundo.

Para Bedoya, “se trata de un orgullo transversal, democrático e inclusivo, que empieza en el sentido del gusto, apela a la memoria y termina en el estómago”.

“Es transversal porque el peruano, cualquiera sea su condición social, tiene acceso y cultura doméstica en torno a las múltiples influencias que combinadas forman la sazón peruana, como las cocinas andinas, africanas, árabe, española, italiana, china y japonesa”, explica.

“Esto hace el peruano un snob culinario que todo sabor compara con los suyos, pero que con auténtica generosidad y orgullo comparte con el extranjero, sabedor que es de lo mejor que tiene para compartir con los demás”.

6. Para entender el milagro peruano hay que ir a Gamarra

“Las clases mestizas han hecho el milagro peruano”, dice Jeremías Gamboa.

“Y gran parte del milagro peruano se ha hecho en Gamarra”, asegura.

El escritor describe esta zona de Lima como “un emporio comercial hecho en una buena parte por empresarios que han venido de la sierra”.

La Gamarra en Lima, Perú

“Es un ejemplo de como las grandes oleadas migratorias empiezan a redibujar la ciudad y a romper las antiguas barreras”, destaca.

En este caso en particular los protagonistas son migrantes, e hijos de migrantes, que llegaron a la capital peruana desde lugares como Ayacucho, huyendo del terror de Sendero Luminoso en la década de los 80.

Se establecen en un distrito que se llama La Victoria, en una avenida que se llama Gamarra y empiezan a producir ropa“, cuenta Gamboa.

“Y logran hacer como ‘el milagro chino’ en otro lugar, gracias a mano de obra muy barata y muy trabajadora, porque la gente del campo es muy trabajadora: se levanta a las 5 de la mañana y trabaja 20 horas”, explica.

“Empezaron a acumular capital y a producir y mejorar su producción hasta que se volvió lo que es ahora: un emporio de la producción de ropa. Ahora son galerías inmensas que facturan millones de dólares al año”.

Según Gamboa, este tipo de cosas ha estado ocurriendo por muchos años en Perú y su impacto no sólo se siente a nivel económico.

“Ha generado ese sector que se está educando, que está leyendo, que ha generado incluso un boom editorial en el Perú, que ha creado un público masivo para el teatro y las películas peruanas”, explica.

“Y también ha ayudado a romper las antiguas barreras”, le dice a BBC Mundo. “Me parece que el Perú -quiero creerlo- está cambiando”.

7. La reconciliación sigue siendo una materia pendiente

Para Renato Cisneros, sin embargo, los peruanos todavía no han terminado de procesar el violento conflicto entre el estado peruano y el grupo maoísta Sendero Luminoso, que entre 1980 y el 2000 dejó casi 70.000 muertos, según cifras de la Comisión de la Verdad.

“Hoy hay una generación de peruanos que está en capacidad de articular un discurso menos vengativo, menos revanchista, menos rencoroso, y que tiene interés en poder descifrar todo eso que nos ocurrió hace no tantos años”, dice.

“Hay muchas generaciones para las cuales el tema sigue siendo un problema complejo”.

Familiares de víctimas de la guerra interna en Perú cargando féretros.

Para empezar, destaca Cisneros, los peruanos todavía no se ponen de acuerdo sobre cómo referirse “a eso que nos pasó”.

“Para algunos es muy claro hablar de guerra interna, para otros todo se reduce al nombre de terrorismo, otros hablan de esos años como los años de la violencia política”, le dice a BBC Mundo.

“Algunos reconocen que hubo terrorismo de Estado, otros no lo reconocen y creen que el estado actuó en circunstancias impuestas por el terrorismo fanático de Sendero Luminoso y del MRTA”, agrega.

“Lo que sí sabemos es que fueron años sangrientos, donde hubo muchísimos muertos”, dice el autor de “La distancia que nos separa”, una exploración sobre la figura de su padre, un destacado militar, que es también una exploración de esa época.

8. Perú es el primer país de Sudamérica en denuncias por violencia sexual

“Perú es el primer país de Sudamérica en violaciones sexuales”, afirma Claudia Salazar.

Y las estadísticas de la organización estadounidense Planet Parenthood parecen confirmarlo: el año pasado ningún otro país de la región recibió tantas denuncias de violencia sexual.

Protesta contra la violencia en contra de la mujer en Lima.

“No se habla mucho de esto en el Perú, pero es algo que me parece doblemente deplorable: tener el primer lugar del continente en mujeres que sufren de agresiones sexuales, y que sea algo de lo que no se hable mucho, ni se trate a nivel legal”, se indigna Salazar.

Y para la autora de “La sangre de la aurora” -novela que aborda el tema del conflicto armado peruano desde la perspectiva de tres mujeres diferentes- esto es el resultado de “ciertas estructuras de un mundo machista que se siguen repitiendo y siguen dejando a la mujer de lado.

“Y no sólo de lado, también violentándola de una forma muy fuerte”, le dice a BBC Mundo.

Salazar denuncia el silencio como un dispositivo político “muy común en nuestros países: no hablar de lo que incomoda”.

Pero también destaca que la sociedad peruana ya ha empezado a despertar, como evidenció la marcha “Ni una menos” que se hizo en agosto de este año “un poco en consonancia con el movimiento que ya se había hecho en Argentina y en México”.

Fuente: BBC Mundo (NHJRU)

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